Cultura para recuperar la tranquilidad

15 de Junio 2018

Ismael Del Toro

Hace unos días un tapatío, el bailarín Isaac Hernández, ganó el premio Prix Benois de la Danse -el “Óscar” del ballet-, convirtiéndose en el primer mexicano en lograrlo; la presea la recibió en el legendarioTeatro Bolshoi de Moscú.

Su logro es un motivo de orgullo por sí mismo, pero además, a unos pocos días de que concluyan las campañas electorales, después de semanas de diálogo intenso con los tapatíos y de recorrer la ciudad y sus colonias, me lleva a reflexionar sobre el último de los ejes que forman parte de la plataforma de gobierno que he puesto a la consideración de los tapatíos a lo largo de esta campaña.

Hemos presentado cinco ejes temáticos que, a la manera de un círculo virtuoso, parte de: una Guadalajara Tranquila, con policía capacitada y tecnología para combatir la delincuencia y recuperar la seguridad en la ciudad; con una Guadalajara Ordenada, en la que la calidad y eficiencia en los servicios -alumbrado, cuidado de árboles, limpieza y disposición de residuos- y la recuperación de espacios -en parques, unidades deportivas y mercados rehabilitados- redunde en la seguridad de los tapatíos; una Guadalajara Incluyente, con la participación de los ciudadanos en co-gobierno con sus autoridades y programas sociales que empoderen a la ciudadanía y abatan las desigualdades y la falta de oportunidades; una Ciudad con un Buen Gobierno, honesto y transparente, para recuperar la confianza de la sociedad; y así, finalmente, en armonía sociedad y gobierno, una Guadalajara Líder, capital regional, estatal y metropolitana del desarrollo económico, turístico y tecnológico con un Centro Histórico recuperado y en bonanza; y todo ello, justamente como un círculo virtuoso, que nos lleve al logro de nuestro objetivo inicial, esa Guadalajara tranquila y con seguridad a la que aspiramos todos y que es además hoy nuestra más urgente necesidad y el mayor de nuestros retos.

Y el espíritu de cada uno de esos ejes, su color distintivo, es, de hecho, multicolor. El eje trasversal de la política pública que propongo, es la Cultura.

La cultura, sí, como la entendemos tradicionalmente: es decir, el conjunto de las bellas artes, del arte barrial y popular, de las tradiciones y la modernidad artística, desde el ballet y la música de cámara, hasta el hip hop y la danza contemporánea.

Pero la cultura tiene además otro sentido, que tiene que ver con los valores que dan cohesión (o en algunos casos, cuando se trata de anti-valores, que la desintegran) a una sociedad. La cultura es aquello a lo que le damos valor.  Hay una -que es a la que debemos siempre aspirar- cultura democrática, del respeto a la diversidad y de la apertura a lo otro, a lo distinto. Una cultura de paz, de vivir sin violencia.

Una cultura del diálogo, de encontrar lo común dentro de lo diferente a partir del reconocimiento del otro y de escucharnos con respeto y apertura, para aprender uno de otros.

Es esa cultura, y a la que, por supuesto abona las bellas artes y las artes populares, como también el deporte, la ciencia, la tecnología y la educación, la que debe estar acompañando, la que debe dar sustancia y contenido a cada uno de nuestros ejes de gobierno.

Regresando a Isaac Hernández, ese tapatío universal que hoy se viene a sumar a los logros de otros como Guillermo Del Toro, Javier Hernández, Gael García, Lorena Ochoa y tantas y tantos más: el papá de Isaac y su primer instructor, el maestro Hector Hernández, es también un bailarín profesional mundialmente reconocido, que ha dado clases en las principales capitales del mundo y centros culturales globales. Quiso regresarle a Jalisco algo de lo que el ballet le dio y regresó a su tierra natal. Tengo el orgullo de haber hecho equipo con él para crear la Escuela Municipal de Ballet Clásico en Tlajomulco, la primera en su género -gratuita y de excelencia- a nivel nacional. Desde entonces más de mil niños y jóvenes de entre 10 y 16 años han aprendido la disciplina y el amor al ballet y a las artes, fortaleciendo sus habilidades cognitivas y por ende su desempeño escolar, cambiando en el proceso sus hábitos alimenticios y los de sus familias, la mayoría de ellas en condiciones de vulnerabilidad económica, lo que a su vez les ha permitido unirse más en torno a apoyar a esos niños y niñas en la persecución de sus nuevos sueños.

Este verano cinco niñas de la Escuela de Ballet de Tlajomulco irán becadas a estudiar a las mejores escuelas de Nueva York y Escocia, con la oportunidad de desarrollar una carrera profesional en ballet al más alto nivel e incorporarse a las correspondientes Compañías de Ballet de renombre mundial, como Isaac, en quien tienen además un modelo muy cercano y al que ven como inspiración.

Fueron reclutadas por las propias compañías, después de ver los videos en las que observaron los progresos de estas niñas que nunca antes habían tenido formación en ballet. Eso nos dice que el talento, las habilidades y capacidades de nuestros niños y jóvenes están a la altura de cualquier parte del mundo, que solamente hay que apoyarlo, cuidarlo y fomentarlo.

En Guadalajara replicaremos el modelo de la Escuela de Ballet y estoy seguro que el éxito que tuvimos en Tlajomulco lo tendremos aquí. Crearemos además la Escuela Infantil y Juvenil de Robótica y Programación en Código. Impulsaremos ligas deportivas y una Escuela Municipal de Tenis. Pero no es esto lo principal que quiero decir, sino que, si queremos cambiar nuestro presente, tenemos que empezar por construir futuro. Esa será la apuesta del gobierno que ofrezco a los tapatíos. Construir juntos un futuro brillante. Y Cultura -cultura artística, deportiva, científica y tecnológica- será la herramienta para lograrlo.

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