La primera tapatía

Corría el año de 1542, el Virreinato de la Nueva España tenía apenas siete años de haberse creado, pese a haber transcurrido más de dos décadas de la caída de Tenochtitlán, los españoles libraban cruentas batallas a lo largo de todo el territorio, por imponerse a los pueblos indígenas que se negaban a entregar su territorio a los conquistadores. Ese mismo año, un grupo de colonos buscaba un asentamiento definitivo para la capital de la Nueva Galicia.

Habiendo intentado infructuosamente asentarse desde 1522 en tres poblaciones: Nochistlán, Tonalá y Tlacotán, lugares de los que fueron desplazados por los constantes ataques de los pueblos indígenas originarios de la zona.

Contrario a lo que muchos piensan, el cuarto y definitivo asentamiento de Guadalajara en el Valle de Atemajac no fue del todo bien recibido por sus pobladores, muchos incluso alzaron la voz para pedir que la ciudad se trasladara a una nueva ubicación.

El 14 de febrero de 1542, ante la presencia del Virrey Antonio de Mendoza y del conquistador Cristóbal de Oñate, que pretendían fundar el asentamiento definitivo de la ciudad, una turba iracunda se negaba a vivir en el Valle de Atemajac debido al miedo a nuevas invasiones de los indígenas cocas y caxcanes, a la mala calidad de la tierra y a la escasez de agua.

Fue en ese momento, cuando de entre la multitud apareció una mujer llamada Beatriz Hernández, que se levantó y gritó: "Gente aquí nos quedamos, el rey es mi gallo y aquí nos quedamos a las buenas o a las malas". La arenga provocó una ovación y la aceptación generalizada del nuevo asentamiento.

Nuestra historia está llena de hombres y mujeres que poco a poco fueron forjando la identidad y costumbres de nuestra ciudad, sin embargo, Beatriz Hernández fue la primera que sintió arraigo y cariño por esta tierra, la primera tapatía de la historia.